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Hansel, columnistas y ´las sexy`s diseñadoras.



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Pensamiento Estupido
lunes, 2 de noviembre de 2009 | 21:49



Veo una lata de Coca Cola, y pienso en ti. Escucho la palabra “México” y me acuerdo de ti, de tu familia, y de nuestros amigos. Cuando, por alguna desgraciada razón, escucho a Café Tacvba en la radio o en el Mall, recuerdo con dolores casi menstruales, las promesas que dejamos a medias. Cuando se me antoja jugar WOW, recuerdo las charlas hasta la madrugada, las raids y las risas en nuestro tiempo libre. Y Créeme, que no quieres saber todo lo que recuerdo cuando abro Skype o cuando veo la Webcam

Es una manera estupida de pensar, a la cual, afectuosamente llamare P.E. o pensamiento estupido, llamado asi, por que es estupido, a niveles insospechadamente normales, asociar cosas, imágenes, palabras o ropa a una persona. Por que claro, ¿Que culpa tiene la pobre lata de gaseosa de que al final termináramos quitándonos el habla el uno con el otro? También esta exenta de culpa la canción de los sexualmente ambiguos cantantes de Café Tacvba “El Baile y Salón” de que al final, en lugar de bailar juntos, tu terminaras bailando en la cama de alguien mas.

Es parte del P.E. mantener un cierto nivel de esperanza oculto entre los mares de estupidez que te llevan a ponerte en posición fetal cada que recuerdas el por que las cosas ya no son como antes. Y es que todos tenemos un momento de P.E., cuando nos acordamos de que hace años no hacemos algo que nos gusta, cuando recordamos que el infortunio, o mas bien la vida nos arranco de las manos la felicidad, como una gorda que le arranca un jamón de las manos a un mesero, o cuando simplemente pensamos en lo desafortunados que somos cuando no podemos tener lo que queremos.




Lastimosamente, énfasis en lastima, a todos los que nos golpea el P.E. nos termina quedando un sabor a melancolía en la boca. Aun quedan esas ansias de tener algo que no es necesario, de volver a tierras perdidas, de retomar cosas inretomables. Como prescripción, lo mejor para dejar el P.E. atrás, es dejar de excavar en las memorias, como quien busca oro en una montaña abandonada, y ver hacia delante, hacia el futuro a medias que puede o no puede ser terminado, por que a veces, y solo a veces, este estupido pensamiento puede ser la premonición de un resultado favorable.

Tal vez no hoy, tal vez no mañana, y probablemente nunca terminaremos retomando las cosas que perdimos, pero hay dos cosas que terminan pasando de todas maneras. La primera, o el pensamiento estupido nos agarra a patadas hasta dejarnos en coma, tras lo cual o lo superamos o repetimos el proceso de maltrato hasta que lo superemos. Y la segunda es que, aunque no lo queramos, toda esta estupidez enseña, enseña a sobrevivir, enseña a continuar luchando contra la marea, enseña a caerse y levantarse, a seguir con la cabeza en alto y a esperar que un día, todo salga absolutamente bien. ¡Que alguien me traiga un café, que ya me puse denso!

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Cadenza
martes, 27 de octubre de 2009 | 12:03


Mirando la ventana en silencio me pregunto cuánto tiempo paso desde que el castillo de cartas en el que dormía se desmorono.

Ahora en este punto de mi vida, en el cual tengo las manos vacías, pero el corazón lleno de esperanza, me pregunto qué hay detrás de esa densa neblina que me cubre los ojos. Desde que el viento se llevo mis cosas por la ventana, fumo y escribo más y mejor –en ambos casos- de lo que solía hacerlo. Desde el día en el que el paraíso se cayó por la ventana y se destruyo en mil pedazos, me di cuenta que tengo tantas cosas buenas como malas en mi interior, que tengo piezas que no funcionan correctamente en el mecanismo de mi vida, y que tenía la dirección mal puesta.

Sentado escribiendo, con la música inundando la habitación, me doy cuenta que ya nada es como antes. Yo no estoy esperando a un tren que nunca va a llegar, ya no estoy pendiente de mi correo, a ver si algún día todo se detiene y recibo ese esperado correo. Ya no hago viajes hacia Miraflores a encontrarme con mi antidepresivo, y tampoco paso los fines de semana pensando en que mientras yo haga lo que haga, aquel chico que se llevo mi corazón se encuentra encamándose con alguien más. Escribo y pienso en mi trabajo, en las cosas que voy a hacer, en los sitios a los que quiero ver. Y es que hay tantas cosas que se me quedaron atoradas en la garganta, pero son aun más la cantidad de cosas que han quedado por hacer, después de todo, este es el momento de ver solo por mí.

Termino de escribir sobre el trabajo, sobre las cosas que hago ahora. Pienso, y siento, que en este instante de mi vida, cuando estoy parado sobre los resto de sueños partidos, pensar en el pasado no sirve de nada. No le puedo dar amistad a alguien que nunca considere mi amigo, porque, entre amante y amigo hay una gran diferencia, una vez que tu amigo se vuelve tu amante, ya no hay vuelta atrás, imagino entonces, que por eso se le hace más fácil a él y al resto del mundo, encontrar un amante que casi no conoces. No puedo perdonar a alguien que no busca perdón, y puedo sentirme mal por todos mis errores, pero eso no cambia nada, no quita el hecho, de que mires con otros ojos, aunque tu alma te diga entre susurros que aun extrañas el mundo que dejaste atrás.

Las vueltas de la vida me han llevado a un lugar en el cual no creía llegar nunca, un espacio casi olvidado en el mundo que no quería recordar. En mi habitación ya hay nuevos recuerdos, hay nuevas palabras e incluso, nuevas personas. Pero a pesar de todo, guardado en una sucia y vieja caja, se ha quedado el recuerdo de lo que llevo a ser como soy. Ya no está esa mujer que camina con fuego en las manos, sin darse cuenta que quemara su propia carpa y a sus propios actores, ya no está el príncipe de espadas, con un alma mas filosa que su lengua, dispuesto a dejarse llevar por el encanto y la frivolidad, se llevo la sangre de los labios, del príncipe de cristal. Y ya no está, el rey del castillo de cartas, el dueño del corazón de cristal, se a marchado y a dejado roto el tesoro que tan bien guardo. El reino se ha cerrado para ellos, el príncipe de cristal se ha quedado sentado a los pies de las cartas regadas por el suelo, con una maraña de palabras en la garganta, pero solo una en la boca: “Termino”.

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Podrido
lunes, 19 de octubre de 2009 | 18:17



Éramos una alegre pareja. La pareja mas melosa que cualquiera de nuestros amigos hubiera conocida, de esas que salen en portada de revistas como si fueran maniquíes. Ahora, sin embargo, ya no somos nada de nada, no nos ha quedado ni la sonrisa perfecta. No, claro que no.

La vida, el tiempo y en cierto modo, nuestra propia mano, termino por descomponernos, transformarnos en todo lo que no queríamos ser o volver a ser. Nuestros te amo, se fueron pudriendo, como una manzana que alberga un gusano en su interior, corrompiéndose hasta volverse un silencio. Nuestros momentos juntos, regresionaron desde su etapa de encuentros llenos de romance pasión e interminable ternura hasta saludos cada vez mas mecánicos y fríos. A nuestra comunicación se le pasó la fecha de expiración y se fue transformando con el paso de los días en aversión. Mi gran admiración hacia ti, fue descomponiéndose en repulsión al enterarme de tu nueva vida, de las promesas rotas y las palabras que saben a mentira.



La putridez de la situación indudablemente me alcanzo a mi también, mi frigidez fue descomponiéndose en fragilidad. A mi autosuficiencia le salieron hongos verdes y mohosos transformándola en dependencia, mis ideales se consumieron solos, cayendo rápidamente como fruta podrida desde un árbol, dejando regado en el suelo una composta de obsesiones incontrolables.

Todo lo que teníamos, ahora no está más que podrido, el no es aquel al que recuerdo con tanto aprecio, y yo no soy el que se desvivía en cada segunda por respirar el mismo aire, y es que ambos, pero principalmente el, transformamos el romanticismo e idealismo en un fétido facilismo y conformismo, que no hace más que dejar un aroma a podredumbre e insatisfacción. Nos embarramos cada vez más en la porquería que nos rodea, llenando de mierda nuestros cuerpos, cuartos, bocas, camas, almas y mentes. Bañados en los desechos, en los restos de lo que alguna vez fue el árbol de manzanas doradas que creció en nuestro patio, nutriéndose de nosotros.

Yo sigo aquí, con un sabor a mierda en mis labios, sosteniendo en mis manos una semilla, una inocente semilla que se quedo entre toda la putrefacción en la que estamos parados. La triste semilla, del amor que se nos pudrió.

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Para no decirle adios
lunes, 12 de octubre de 2009 | 10:00





¿En qué estoy pensando? Quizás tengo más de mil opciones diferentes pero estoy escogiendo la más difícil, la más brutal, la más sanguinaria. Creo que en el fondo me gusta el resto sin sentido, el terminar con todas mis opciones y jugarme las cartas menos probables de victoria

Tengo cartas tiradas alrededor de la cama. El teléfono no deja de sonar, las cenizas de papeles que no merecían ni siquiera existir están regadas por el piso, confundidas entre el polvo y la ceniza de mi cigarrillo.

La ropa regada sobre la cama, el celular no deja de sonar. Más de mil ideas martillando en mi cabeza. Creo que a pesar de todo, lo correcto es guardar en la cabeza todas las ideas y sensaciones sin contar. Creo que no puedo tenerme ahora. Estoy en un instante de mi vida en el cual, si dejo de moverme o de actuar por más de quince segundos, todo se irá al demonio. Tengo la presión de saber que, lo que haga en este instante o lo que deje de hacer, podría cambiarlo todo, pero incluso con toda esta presión, queda la terrible incertidumbre de no saber si todo tendrá un resultada.

A pesar de todo lo que me ha llevado a este momento de mi vida, creo que debo guardar con un sentimiento alegre el recuerdo de lo que tuve. Miro por la ventana y escucho el claxon, el celular sigue sonando. ¿Ya es muy tarde? Mierda, porque siempre estoy demasiado tarde para todo ¿Sera por qué no puedo con más responsabilidades de las que me gustaría? No, no es eso, es solo que quizás, siempre tengo la cabeza mezclada en cosas que no puedo alcanzar, o que tal en el fondo no merezco alcanzar.

Ya empezaron las llamadas al número fijo, pateo los papeles por la ventana. ¡No tengo tiempo! No tengo absolutamente nada de tiempo. ¿Es el momento ideal para echarse atrás? No, creo que si quería echarme atrás debí haberlo hecho por lo menos, hace treinta horas. Ahora es momento de actuar decididamente. Tomo la mochila tirada en el piso, le dejo un mensaje a mi mejor amigo. Corro hacia la puerta, tomo mis cigarrillos en la mesa, apago la luz. Luego de esto, todo empieza de nuevo.

Son las 7.30 PM. Estoy subido en un auto. Tengo los audífonos puestos y una sonrisa torcida en mi cara. Probablemente me arrepienta completamente de esto en una semana, cuando me dé cuenta que quizás, no ha sido mi momento más inteligente. Pero ahora me voy sin rumbo fijo, me voy porque ya les dije a todos lo que tenía que decirles, ya hice todo lo que me faltaba por hacer. Ya rompí los corazones que tenía que romper, y llore lo que tenía que llorar. Maldije más de mil nombres en más de tres idiomas. Espere más de 100 horas una respuesta que nunca llego. Enterré 4 años de recuerdos en un cofre perdido en el centro de la tierra. Me arranque la máscara de persona fuerte y la sepulte junto a papeles de un frustrado intento en el teatro. La noche sigue sobre mí, mi corazón late a mil por hora, se acabo todo nuevamente. El castillo de ilusiones, la casa de dos pisos, los perros, los sueños a medio terminar, las promesas de amor, las mascaras del abandonado teatro. Todo se acaba de demoler en el instante que tiro la puerta de mi casa. Acabo de abandonar todo, y tengo una sonrisa cínica en el rostro. Y lo pienso una vez más, pienso en lo último que les dije a todos, menos a él:

Hasta pronto.

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LLueve
lunes, 28 de septiembre de 2009 | 23:47



La lluvia de esta ciudad es asquerosa, no son lágrimas del cielo, como le llaman los melancólicos poetas, estas gotas son escupitajos de nubes negras y corrompidas por el karma de los fatídicos ciudadanos limeños. Nunca me cubro mientras llueve porque me encanta embarrarme entre las gotas diminutas, con un sabor a tierra y a melancolía.

Durante mis peores épocas, fue mi mejor compañera. Lluvia fiel y compañera cuando todo parecía perdido y consideraba seriamente lanzarme al abandono, dejar el poco respeto que me queda por mi persona en la puerta y seguir descendiendo en la locura, en la facilidad y el mundo al que jure despreciar durante mis días sobre la tierra. La amaba, y dependía de ella, no porque me "purificara", sino porque durante esas interminables madrugadas de caminatas sin destino fijo, me sirvió de punto de seguridad, para sacarme fríamente del estupor, para recordarme que seguía aquí, y que ni la pesadilla ni el cuento de hadas habían terminado aun.

Llueve y sigue lloviendo y yo sigo caminando, y martillando mi cerebro pensando en él. Y es que me hace tanta falta, que parece que olvido todo lo demás, mis esfuerzos sobrenaturales para mantener mi mente alejada de él son inútiles

Es sábado, bueno, realmente ya es domingo. Acabo de salir de una reunión que duro más de lo que esperaba, tengo la cabeza en alto mientras la lluvia me baña. Son las 4 de la mañana, o eso dice mi celular, hay un viento frio corriendo por toda la ciudad, y me pregunto dónde está el, donde se ha quedado y si está pensando en mi. Alguna vez le dije, remarcando unas coincidencias indiscutibles, que siempre que llovía, el lazo entre nosotros o se rompía o se forjaba más fuerte. La lluvia me recuerda mucho a él, no por que alguna vez estuviéramos juntos bajo la lluvia, sino porque en cada momento crítico, cuando llovía afuera y el mundo parecía acabarse, el estuvo a mi lado, el escuchaba y entendía, aunque no siempre aprobaba. Pero así era él, amable en sus maneras y comprensivo. Llueve y sigue lloviendo, y yo sigo caminando, y martillando mi cerebro pensando en él. Y es que me hace tanta falta, que parece que olvido todo lo demás, mis esfuerzos sobrenaturales para mantener mi mente alejada de él son inútiles, y es porque ya casi bordeando la demencia puedo oír su voz en mi cabeza, diciendo dulces palabras que no se si algún día volverte a escuchar, siempre sin tener una certeza, sin tener una esperanza, sin tener nada más que ideas erróneas o acertadas.



Ahora en las noches interminables solo me queda lluvia delgada y frágil, como el recuerdo del amor que tan lejos me llevo y tan fuerte me volvió. Mi jean se embarra con el polvo y el agua sucia a mis pies, el cielo amanece y mi cigarrillo no se extingue. Miro hacia adelante, quedan por lo menos unas quince cuadras antes de llegar a la avenida, antes de ver a la gente trabajadora saliendo de sus casas. Entre bocanadas de humo y aire fresco, sigo suspirando como colegiala. Me siento cómodo en este clima, caminando y pensando en la cantidad de cosas que aun quiero hacer, en los motivos por los cuales no tengo permitido tirar la toalla bajo ninguna circunstancia.

¿Por qué estoy caminando? La verdad, la respuesta es sencilla, porque me dieron ganas de hundirme en la neblina de la mañana, de sentir la humedad filtrándose en mi nariz y el recuerdo quemándome en el cerebro. El mentol de los cigarrillos me hacen sentir escalofríos por todo el cuerpo, hace varios días que no fumaba, y eso me hace sentir algo mal, no por fumar, sino porque volví a hacerlo pensando en el. Recuerdo que con muy mala leche le dije “Cada uno de los cigarrillos que fume desde que me dejaste llevaban tu nombre” y aunque suene a drama, es la realidad, cada bocanada de humo estaba dedicada a él, no por querer hacerme daño, para nada, solo lo hacía con el fin de ya no pensar. Quizás por la naturaleza tan malvada de ese comentario, hoy me toco escuchar uno aun más hiriente “¿Cuándo te das cuenta de que amas a alguien? Cuando la relación se acaba” y discretamente me moví hacia una esquina de la casa a golpear mi cabeza contra la pared. A veces pareciera que el universo se empeña en que no olvide mis cargas emocionales.

Ya perdí la cuenta de las calles, de lo que traigo en la cabeza, de las gotas que me cayeron en la cabeza. Son más de las 5 y ya amaneció completamente, pero sigue lloviendo. Es como con todo, aunque a veces simplemente parece no estar, sigue allí, esperando el momento adecuado para volver a estallar. Así como la lluvia se esconde durante las mañanas esperando el momento adecuado. Quizás el día que deje de llover, ese día me detendré y dejare de pensar en él, el día que deje de llover, dejare de albergar en mi corazón un pequeño espacio esperando su regreso. El regreso triunfal y prometido. Pero no, hoy sigue lloviendo, hoy me sigo ensuciando de recuerdo y nostalgia, y hoy también sigo amándolo.

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Escape.
lunes, 21 de septiembre de 2009 | 23:29




[Preferiria que fuera con esta cancion:
http://www.youtube.com/watch?v=769atcL8rpc]

Sigo dando vueltas, y no se exactamente a donde voy, no entiendo por que no puedo dejar de golpearme la cabeza con ideas en las que no quiero pensar. Es verdad lo que dicen, en lo momentos mas difíciles, uno se entrega a hacer lo que los impulsos le manda. Pero no se a donde voy, y no se donde voy a terminar, solo se que quiero estar lejos, por que se que no puedo hacer nada. Se que no tengo voz ni voto en esta situación.

Me subo al autobús, recuerdo que alguien me dijo que habría una reunión en un mall del centro de la ciudad. No hablo y me pego a la ventana, me siento frustrado, no por que no pueda decir lo que quiero, sino por que incluso pensar en el me duele, y no me duele por que este con alguien mas, me duele por que no puedo hacer nada para evitarlo. Me siento estupido e infantil por no poder hacer de cuenta que no pasa nada y que mañana o mas tarde todo va a quedar en orden, por que no puedo, mi corazón sigue haciéndose un nudo cada que alguien menciona el asunto. Y claro que les encanta mencionar el asunto, es el principal tema de conversación de todos mis amigos, como aun sigo como un idiota esperando a alguien que, para el gusto de todos, no es más que un mentiroso. Me siento como si fuera un criminal recluso, atado, amordazado y condenado a ver que pasa sin poder evitarlo. Suena a tragedia griega, pero quien a pasado por esto, sabe que se siente.



Llego, o no lo se, camino entre las calles esquivando gente y haciendo de cuenta que no esta pasando nada, adormecido por la música que sale de mis audífonos, continuo mi camino, siempre sin rumbo fijo y no esperando nada. Cuando llego los veo a todos tan animados y de buen humor, que no puedo evitar sentir nauseas y asco. Yo no quiero estar rodeado de gente feliz, por mas egoísta que suene, pero así funcionamos los seres humanos, solo queremos las emociones para nosotros. No siento ira, ni envidia, siento repulsión, así que arrastro a uno de mis amigos, que sabe de la situación lejos y nos vamos.

Después de dar vueltas y evitar el tema nos sentamos en una banca. “¿Ahora que paso?” en silencio bajo la cabeza y empiezo a contarle el drama del día, le explico que a pesar de todo lo que esta pasando no puedo dejar de guardar las esperanzas, le explico que me muero de ganas de gritar, le explico que no necesitaba saber el estado de Facebook que el y su novio tienen, me detengo a dar un respiro y prender otro cigarro, le explico que fumo uno de estos cada que me siento desesperado, y desde hace un mes, debo haber terminado con tres cajetillas chicas, por lo menos, recalco nuevamente que estoy al borde de la demencia y este tipo de cosas afectan mi ya debilitada salud emocional, hablamos de mis carencias afectivas y luego me callo. Enrique me mira y me dice “Realmente te dejo marcado ¿No es así?” y yo levanto la mirada, con ganas de escupirle le digo “No, solo me gusta hacer drama, claro que si, ¿No has escuchado lo que llevo diciéndote desde hace media hora?” ambos guardamos silencio mientras el cigarrillo se extingue.

De pronto, el rompe el silencio “Si es tan importante para ti, deberías creerle. Aunque te digan mil personas que te olvides no lo vas a hacer, vas a seguir creyéndole, vas a seguir esperándolo y sobre todos, vas a seguir volviéndote un poco más loco con el pasar de los días. Entiendo que no puedas evitar pensar en el, y aunque no me agrade, lo que deberías hacer es empezar a pensar un poco en ti, pasar esas cosas a segundo plano y seguir con tu vida”. Lo miro, y aunque se que tiene razón, necesito decir algo “Entiendo lo que me dices, y de verdad quiero hacerlo, pero me arde como si me quemara con un hierro caliente, cada vez que pienso en el. La solución seria no hablarle, pero eso no va a cambiar nada”, el me mira de nuevo, extrañado y me dice “Eso ya es tu problema” volteo a mirarlo y le digo “¿Sabes que? Vamos al Vale Todo”. El me mira sorprendido. El Vale todo es una de las discotecas gay mas populares de la ciudad, concluye toda clase de personas de todo estilo social. Jamás había ido, y en realidad, Enrique tampoco. No teníamos planes, no teníamos a nadie más que nos esperara, no teníamos a donde ir, y sobre todo, no teníamos nada que perder.

Seguimos besándonos y bailando juntos, sus manos se mueven alrededor de mi cuello y mi cabeza, y yo me deslizo por todo su cuerpo, sin saber donde detenerme, me gusta oír su voz, me gusta escucharlo decir mi nombre, me gusta besarlo. Sé que siempre es así con el, siempre son segundos en los que parece que todo está bien.

La música estridente atenta contra nuestros oídos, tengo la esperanza de pasarla bien, intento que Enrique se divierta, pero está bastante tieso. No me gusta mucho bailar, pero lo hago, me gusta moverme, me gusta pensar que no hay límites para lo que quiero hacer, que puedo ser diferente cuando quiero. Toda la música que tocan se me hace conocida, sigo bailando y trato de hacer que Enrique se suelte, aunque le cuesta, lo intenta. La noche pasa, bailamos, cantamos, conversamos. Por un momento olvidamos todo el karma que nos lleva hacia el pasado. Me la estoy pasando bastante bien, pese a todo. Y entonces la noche cae y el espectáculo empieza. Y lo veo a lo lejos, me quedo mirándolo, el me mira. Sonríe, Y yo me quedo en silencio.

El está allí. Después de varias semanas nos vemos de nuevo. Se me acerca, conversamos, coqueteamos. Esta algo bebido y me toma de la mano, yo tomo la suya, se acerca mucho a mi y nos besamos. Entre Drag Queens y Humo nos besamos de nuevo, de vuelta, como si fuera la primera vez. Pero sé que esto no va a durar, que no vamos a ir más lejos. Que es solo un beso, lo siento en el alcohol en su boca, lo siento en su corazón que late al ritmo de siempre y no con la pasión de antes. Nos abrazamos, fingimos que este momento durara más de una noche, pero sé que no será así. El aun me guarda resentimiento por todo lo que paso, por todo lo que dije, por todo lo que no hice, por todos los sitios a donde no fui. Pero eso no importa ahora, no sé si porque esta ebrio o porque está feliz de verme. Seguimos besándonos y bailando juntos, sus manos se mueven alrededor de mi cuello y mi cabeza, y yo me deslizo por todo su cuerpo, sin saber donde detenerme, me gusta oír su voz, me gusta escucharlo decir mi nombre, me gusta besarlo. Sé que siempre es así con el, siempre son segundos en los que parece que todo está bien. Estamos cansados y nos vamos a sentar. Inevitablemente, nos hemos confrontado el uno al otro. Sigue resentido por mis últimas palabras “Lo que yo siento por ti es lindo, pero lo que siento por Daniel es 20 000 veces más fuerte”.

No lo culpo, pero nos miramos fijamente mientras él me reclama, me animo a seguir besándolo, en ese efímero momento, donde todo parece estar bien. Ahora entiendo un poco más a Daniel, perdiéndome en un beso y en una caricia, parece que no existiera un ayer o un hoy. Le digo que sí, que dije eso, y que tal vez me equivoque al decirlo, que sí, que ame mucho a Daniel, pero que ahora no me quedaba nada. Y lo digo más por cólera y resentimiento que por que sea verdad. Me mira a los ojos y no sé si por efecto del alcohol o porque realmente es feliz me dice “Te extrañe”. No le creo del todo, pero me jala a seguir bailando, mis manos se deslizan por todo su cuerpo, aunque no lo conozco de memoria se donde acariciarlo, pero él me lleva a mas, baila sensualmente junto a mi mientras yo le beso el cuello. Es un momento de película, como si fuéramos la pareja perfecta, aun hay resentimiento pero nos estamos dejando llevar, como todo el mundo lo hace. Tomándolo de la cintura le susurro al oído “Acabas de hacer mi noche perfecta”, acariciando mis cabellos me lleva hacia él y nos envolvemos en un nuevo beso. ¿Cuántos vamos ya? No lo sé, pero no me importa, sus labios son más suaves de lo que recordaba. Me abraza, y se contornea junto a mí, como invitándome a seguir, a ir más lejos, a continuar el baile en otro lugar. “Me vuelves loco” le susurro al oído, y con su risa de niño coqueto me responde “Tu a mi”. La música sigue estridente, nosotros seguimos besándonos, como si nos cobráramos todos los besos que nos debíamos hace mucho. En el fondo me pregunto qué pasaría si vuelvo con él. Pero no digo nada. Enrique se acerca y me mira con cara de Quiero irme, el me mira y me dice “Mi mama me está esperando” y yo, yo solo los miro a los dos y me encojo de hombros.

Salimos de la discoteca, tomados de la mano. Sé que cuando se le pase el efecto de todo esto, se cuestionara por que hizo lo que hizo. Pero en ese momento no nos importa, estamos en la madrugada, esperando un taxi. Me hace bromas, conversamos, parece que nada a pasado desde la ultima vez. Lo abrazo suavemente y le digo “Gracias”, hacemos planes para el lunes, aunque probablemente no se concreten. El sube a su taxi, con una sonrisa en la cara y yo no puedo evitar sentir detrás de toda la euforia y esperanza, que quizás sea la última vez que lo beso.

Enrique y yo caminamos por la avenida, conversando y riéndonos. La pasamos bien, nos divertimos, me llevo un buen sabor en la boca, en todo el sentido de la palabra. Pero no puedo mentirme, tengo dos dudas en mi cabeza. La primera, si es que Daniel está bien, y la segunda, ¿Cuantas horas más durara el cuento de hadas? Uno de nosotros dos va a reaccionar tras el estupor del romance incompleto y la calentura. Y cuando lo haga, habrá que decidir que pasara con este encuentro inesperado. Por el momento solo me concentro en sonreír bajo la garua.

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Me pregunto / Carta a Daisuke
jueves, 17 de septiembre de 2009 | 9:00



Me pregunto porque siento que mi corazón se destruye cada vez que me acerco a ti. Me cuestiono porque aun bajo la cabeza pese a que tu solo me estas lastimando. Me pregunto cuánto tiempo más soportare ser uno más en tu colección. Me pregunto por que no quieres decirme la verdad, me pregunto por que te importa, si ya no hay mas daño que puedas hacer

Me has hecho sentir que no valgo nada, que no soy y quizas, nunca fui nada para ti, que no represento nada más que un objeto para usar en caso de emergencia. Mis lágrimas han sido tantas, que podría llenar mi habitación con ellas. A veces ciento que me ahogo, y solo pienso en echarme a tus pies a pedirte que por favor, reconsideres todo lo que estás haciendo, que dejes de hacerme daño y te quedes conmigo o te alejes para siempre. Si me pierdes –lo cual parece imposible- me pregunto cuánto tiempo te tomara en acabar con el recuerdo.

Ya no me cuestiono acerca del porque de esta “soledad”, pero inevitablemente sigo justificándote, creo que todo lo que haces y todo lo que has hecho tiene un porqué, y aunque sea tan absurdas tus excusas y tus razones, te creo. Y es porque en el fondo, sigo siendo el mismo idiota que se perdía en tus promesas. ¿Estábamos enamorados de verdad? No lo sé, yo te ame con la fuerza de mil soles, pero a veces siento que solo ame a un espectro, a una ilusión. No me duele que me dejaras, ni que salgas con alguien más. Me duele y me lastima cada segundo pensar en que nada de lo que te dije o lo que tu dijiste significo algo. Te ame con tus defectos y tus virtudes, te admire porque siempre eras optimista, te desee más de mil noches, porque sentía que solo contigo podía ser todo lo que quería ser, podía liberar mis pasiones y deseos, para mostrarme desnudo ante ti. Y me pregunto si valió la pena todo lo que hicimos, todas las veces que intente convencerte sobre lo bueno que era que el resto del mundo supiera que eras feliz con alguien a quien amabas.

No me pregunto por qué me siento engañado y estafado, porque lo sé, y no necesito a ningún psicólogo o psiquiatra para que me lo explique. Me ha tocado ser el que tiene que pagar los errores, propios y ajenos. Pero no lloro, ni me compadezco. Me siento terrible si, pero no voy a decir que es el final de mi vida. Tengo la autoestima por los suelos, y es por eso que me aferro a algo que ya murió, pero no quiero aceptar que murió. Fuiste el primero, y quién sabe si serás el único. No lo se. Me pregunto si recuerdas que cuando la gente decía que nuestro romance no era posible, tú y yo lo defendíamos. Jamás estuvimos tan seguros de algo como de lo que hacíamos, jamás estuvimos tan orgullosos como de nuestros planes a futuro. En un mundo que nos alejo, decidimos estar juntos, vencer la soledad mano a mano, pero ahora, me pregunto por qué simplemente ya no soy parte de la fotografía

Me toca ver la vida pasar de lejos, me toca verte irte y acostarte con el, y con todos los que vengan después de él, porque es fácil para ti, ya no tienes nadie que te ate. Mañana llegaras a tu casa, y no estaré esperándote, mañana te conectaras segundos antes de irte a verlo, para ver si estoy. Pero no estaré. El domingo preguntaras que paso conmigo, pero nadie te responderá. Yo no lo hare. Quizás siga martillándome el cerebro pensando en cómo le haces el amor, o en como lo besas, en cómo te hace reír, y como te da todo lo que yo siempre quise, pero nunca pude darte – y tal vez, jamás pueda- y en millones de cosas mínimas, que me matan lentamente y se que no te importan. O si te importan lo escondes muy bien, o te importa tan poco como para no dejar de verlo.

Tal vez, algún día, cuando puedas ser sincero con tus sentimientos, cuando dejes de hacer cosas porque no sabes, cuando te des cuenta de que estas tomando el completo dominio de mi vida, o cuando te alejes por completo de mí, y dejes de quererme cerca solo porque me extrañas. Tal vez ese día podre llorar junto a ti, pero de felicidad. Por ahora solo me quedan dos cosas. La sensación de que ya no soy necesario para nada, y la tristeza, de saber que probablemente, nunca tengamos esa casa de dos pisos, esos tres niños, esos dos perros, esas mañanas llenas de sexo y amor, esas tardes en familia, esas noches de cansancio y ese deseo de envejecer juntos.

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No lo entiendo.
lunes, 14 de septiembre de 2009 | 16:13


Over & Over - Moloko

Es temprano, hay un texto en la pizarra, tengo sueño. No lo entiendo, no entiendo que tengo que hacer y creo que tampoco entiendo lo que dice el texto. Miro a mi amigo y le pregunto que hay que hacer, el se ríe y me explica, sigue sin entender bien. No entiendo como Gonzalo puede ser tan despierto para estas cosas y yo sigo arrastrándome de cosa en cosa, mal organizado y mal movido

Estamos en clases, el está sentado a mi costado, me habla de sus planes de fin de semana. No entiendo. ¿Qué espera que le diga? ¿Qué quiero que me lleve a algún lado? Me mira, me sonríe, le hago una broma, se sonroja, y luego vuelve a quedarse callado. Sigo sin entender, o tal vez no quiero entender. Nos vamos, me pide que lo acompañe, le digo que no, no sé si por honra o porque ya me aburrí de andar de un lado a otro tras él. No entiendo porque se hace tan complicado algo tan simple, y siendo sinceros, tampoco entiendo porque, de entre todos los que conozco el me atrae.

Estoy en mi cama descansado, ella manda un mensaje de texto antipático, no entiendo porque le cuesta ser amable al menos por mensajes de texto. Hablamos, discutimos. No entiendo que es lo que espera de mí, no entiendo que más quiere que haga, no entiendo que más puedo decirle para que se calle y me deje en paz. Tampoco entiendo porque si dice preocuparse por mí, no se ha dignado en preguntar por qué nuestras conversaciones caen día tras día en el monosilabismo. No sé cuándo será el día en el que ella entienda que no soy lo que ella cree y que no quiero lo que ella quiere.

Mi madre ha llegado de mal humor, gritando y maldiciendo. No entiendo cómo es que aun no se le termina la menstruación, no entiendo cómo es posible que de un día para otro se transforme de una anciana bondadosa a una mujer asesina. No entiendo porque le molesta tanto que mi ropa esta tirada sobre mi cama, cuando hace mucho que dejamos de convivir juntos. Y tampoco entiendo porque le cuesta tanto aceptar que simplemente soy desorganizado por naturaleza. Creo que como a todos, la diferencia le afecta mas de lo que deberia

No entiendo como se le hace tan fácil a una persona fijarse en otra, aun cuando esta otra sigue envuelta entre cadenas y misterios que nadie puede descifrar.


Fernando me llama y hago una mueca de disgusto. No entiendo que quiere, no entiendo que me vio, no entiendo que no entendió. Quizá le resulta difícil entender que cuando yo me decido por algo, ese algo es el dominante en mi vida. No comprendo cómo es que sigue esperando que le sonriera tras todo lo que ha pasado, y tampoco comprendo y mucho menos tolero su insistencia imparable. No entiendo como se le hace tan fácil poner su mirada sobre alguien que no está prestando atención.

Alex me insiste en conversar. No lo entiendo, hay cosas que intento dejar claras, pongo límites y levanto paredes que muestren hasta donde puedes llegar. No entiendo como se le hace tan fácil a una persona fijarse en otra, aun cuando esta otra sigue envuelta entre cadenas y misterios que nadie puede descifrar. Ni siquiera yo mismo entiendo que es exactamente lo que tengo que decir para no lastimar a nadie más. Estoy cociente por experiencia propia, que las palabras son sumamente violentas y sádicas contra un alma frágil.

Yo tampoco me entiendo a mí mismo. No entiendo porque me sigo haciendo daño leyendo cosas que debería sepultar, no entiendo porque soporte durante tanto tiempo que se me hable de maneras incorrectas, y mucho menos como podía seguir bajando la cabeza incluso cuando es algo que no soporto. Tampoco entiendo, porque sigo siendo tan patético, como para seguir esperando un correo que se que no va a llegar, que se que no va a mandar. No entiendo porque no puedo estar en paz incluso cuando se que esta mejor sin mí, que al fin tiene lo que quiere y como lo quiere, y es por eso que tampoco entiendo porque algunas veces al despertar hay mensajes escondidos. Mucho menos entiendo, porque me lastima en el fondo saber todas estas cosas que ya sé, pero que nunca digo.

No sé si es porque soy tonto, o torpe, pero todas estas cosas que no entiendo me van carcomiendo el cerebro poco a poco, no tengo idea de que voy a hacer y mucho menos de cómo lo voy a hacer, pero sé que lo voy a hacer, y eso es algo que tampoco entiendo, como a pesar de todo, sigo con la convicción firme de hacer las cosas. Pero si hay algo que no entiendo, y es lo que me pesa más de todo esto, es porque escribí este texto. No entiendo que espero cambiar, y tampoco entiendo porque espero cambiar algo. Pero entiendo una cosa, y una sola cosa. No voy a cerrar los ojos y dejar que la vida pase y me lleve con ella hacia un incierto final.


Some days I question

The suggestion

You might not exist at all

Can we meet and talk it over

Would you be kind enough to call

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Rearmando.
martes, 8 de septiembre de 2009 | 1:54



Volver a empezar nunca viene con manual. Mucho menos con comodos pasos o guias practicas.

Como un relámpago atravesando la noche, el celular suena por la mañana, no quiero despertarme, siento que la vida me va a escupir en la cara de nuevo, y yo tan lleno de amor como siempre abriré la ventana y le gritare al mundo “Jodete”

La gente dice que no es fácil ser gay, yo creo que lo es. Lo que sí creo, es que no es fácil ser un gay feliz, o en todo caso, ser un gay fiel feliz. Creo que el mundo está hecho para la gente promiscua e irresponsable, para los que buscan sexo sin sentido y se lanzan al primer hombre que ven antes de que pase un mes de luto entre relación y relación. Caminando hacia la ducha y mirándome tan aburrido como siempre, recuerdo las palabras de una mujer muy sabia y
practica: “El mundo no se acaba en un hombre, porque nadie termina su mundo contigo”

Me sumerjo en el agua hirviendo, porque así me gusta, es uno de esos hábitos ligeramente masoquistas que tengo, sentir el agua caliente contra mi piel dejando pequeñas marcas de calor sobre ella. Mirando el techo, como siempre, doy uno de esos suspiros frustrados que tienen un sabor a melancolía. Desde que salí del closet, siempre creí que todo lo que se piensa o siente debe decirse. Si una persona de tu mismo sexo te causa dolor o tristeza, tienes que decirlo, gritarlo o llorarlo si lo necesitas. Una emoción es una emoción, y nada cambia lo que se siente y mucho menos como se siente. Desde entonces mi círculo de amigos ha seguido con un apasionamiento casi deportivo mis desventuras amorosas.

Desordenado, como siempre, intento encontrar mi camiseta favorita entre la pila de ropa limpia que tengo, porque la prefiero así, al aire libre que metida en un closet, digo, si yo ya salí del closet ¿Por qué mi ropa no? Tras unos minutos la encuentro y me la pongo rápido, estoy tarde, de hecho, creo que últimamente siempre se me hace tarde, no porque no calcule bien mis tiempos, sino porque me detengo cada segundo posible a pensar en algo que no me joda mi ya debilitado cerebro. Creo, y probablemente me equivoque, que la mejor manera de seguir con tu vida es reinventándola. Cuando algo sale mal suele ser desde adentro, no tiene sentido culpar a alguien más y mucho menos culparte a ti, no tiene caso lanzarse al piso y preguntar ¿Por qué a mí?
Cuando no tenemos ni idea de lo que está pasando a kilómetros de nosotros.

Ya bien arreglado al menos para mi criterio me encamino a las clases, miro por la ventana como todos los días, porque me gusta ver la calle, siento que veo una película en “Slow Motion” mientras el transporte público avanza igual o peor de lento. Me gusta ir a clases, y no solo por que tenga un espíritu nerd indomable, sino porque me gusta sentarme a hablar por horas con mis amigos, escucharlos, verlos, hacer cosas con ellos. No hay mejor cuerda de escape que los amigos, escape para todo, la rutina, tristeza o estrés. Pero llego al instituto y allí esta mi grupito.











Si una persona de tu mismo sexo te causa dolor o tristeza, tienes que decirlo, gritarlo o llorarlo si lo necesitas. Una emoción es una emoción, y nada cambia lo que se siente y mucho menos como se siente

Me resulta extraño hablar de ellos. A Israel lo veía de lejos pero nunca hablábamos, no porque yo fuera tímido, sino porque sentía que era uno de esos chicos que exceden en todos y cada uno de los campos posibles, y que lo último que necesitan es a alguien que les hable de sus problemas y ridiculeces. Pero me equivoque, es una persona sensible y comprensiva, tiene un aire que inspira confianza, y disfruta pasar sus días quitándome los cigarrillos de las manos y golpeándome para que no me deprima mientras miro al vacio como un venado cegado por la luz. A Leslie, que es modelo y extremadamente linda, me costó un poco menos hablarle, tiene ese aire de chica materialista que todo lo quiere y nada le importa, pero no es así, es una de esas personas que son ovejas con disfraz de lobo. Puedes tener un aspecto y carácter voraz y sanguinario, pero tu corazón sigue siendo dulce, y ella lo demuestra corrigiéndome cada que hago algo que no va con sus principios humanitarios y familiares. Gonzalo fue el primero con el que hable, y me pareció extremadamente interesante, su carácter compasivo y humanitario bordea demasiado con mi forma tan cortante y antipática de ser, me agrada cuando me corrige y comparte maldades conmigo, muy a su pesar. Aunque no los conozco lo suficiente, ellos me han arrastrado fuera de mi cama, hacia la calle con una sonrisa en la cara.

Reinventarte cuesta más de lo que nadie te pueda decir, puedes pasar toda tu vida intentándolo, pero nunca lograrlo. Puedes dar tus despedidas y cantar siempre con voz dolida al cielo, pero solo con la templanza y energía suficiente, la mentalidad para enmendar tus errores y el apoyo externo puedes lograrlo. Aislarte del mundo no resuelve nada, todos necesitamos un golpe fuerte y cortante, que nos quite la estupidez a patadas y nos devuelva el aire que se escapa por la ventana. Una ramificación lleva a otra, un amigo a otro y así. Tengo suerte de estudiar con ellos, pero más suerte tengo de compartir tanto tiempo con ellos, que pese a su heterosexualidad me arrastran hacia discotecas gay.

Aunque mi casa siga vacía, yo sigo en pie pese a que mis ojos siguen hundidos contra mi cara, aunque mi ventana siga abierta esperando que las circunstancias traigan de vuelta esa estabilidad que ya no existe, aunque mi corazón tenga una vela encendida esperando el regreso de alguien que simplemente no piensa regresa, siento que estoy bien, si hay algo que no podemos hacer es escapar de nuestros amigos y familia. Hace poco dije que no había nada mejor que reinventar la vida, y creo que uno siempre puede reinventarse desde adentro, pero desde afuera, quienes te remodelan como si fueras una casa en estado deplorable son tus amigos. Tú circulo, tu grupo, y aunque no todos siempre sean tan amigos como parecen, de al menos uno de ellos aprenderás algo, a la fuerza, a la mala, o con suerte, en la cama.

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Los Dias Contados.
miércoles, 2 de septiembre de 2009 | 22:32


[Remplazando al escritor del Miercoles]

Para quienes no lo conocen. Jaime Bayly es un escritor muy popular en Latino America, a publicado varios libros y mantiene publicamente una relacion con un joven Argentino. Radica en Miami pero tiene un programa de entrevistas en Perú todos los fines de semana. Publica todos los lunes en un popular diario del Pais [Asi como yo :D] y es uno de los principales lideres de opinion. Personalmente, me resulta increible su estilo de escribir. Y es por eso que si algun dia se la posibilidad, espero poder escribir como el y publicar.

El lunes, publico un grupo de poemas cortos. De los cuatro que coloco, quizas el que mas me gusto fue el tercero, titulado "Callate"

Cállate

No me digas que me amas
No me hagas promesas
No me hables del futuro
Como si el futuro existiera

No llames por teléfono
No mandes mensajes de texto
No escribas palabras calenturientas
No juegues conmigo
No resisto más
Que seas mi amante
a la distancia

Si de verdad me amas
Sube al primer avión
Toma un taxi
No te peines ni te laves las manos
No te compres ropa nueva
Y ven a verme

Y no me digas que me amas
No me hagas promesas
No me hables del futuro
Como si el futuro te perteneciera

Simplemente cállate
Bájate el pantalón
Enséñame lo que tienes para mí
Y demuéstrame
Sin decir una palabra
Agitándote conmigo
Si es verdad que tanto me amas

A mi edad, cariño
El amor no se mide por palabras
Se mide
(Perdona la franqueza)
Por orgasmos y erecciones
Y es así
Humanamente
Como quiero que
me ames esta noche
Y todas las demás

Cállate la boca
Apaga el celular
Quítate le ropa
Y demuéstrame
Cuán duro y resistente
Es tu amor por mí

A mi tambien, me gustaria que te callaras. Que dejaras de darte excusas o razones y pensaras un poco mas en lo que realmente importa. En ser sincero y hacer lo que te dicta el corazón y no el cerebro. Que dejaras de pensar en "tiempos", espacios, intentos y cosas dolorosas que ya deberias sepultar, y pensaras en todo lo que hay por ganar. Que recordaras que si, que tu sitio esta junto a mi, que te quiero ver todos los dias aqui. Que el dia que nacimos, las personas que tejieron el hilo de nuestra vida, escogieron entrelazarnos. No quiero que pienses, no quiero que me pongas excusas, quiero que actues y me digas sinceramente que al igual que yo, no mueres por tenerme en tus brazos.

Actua, no seas cobarde. Recuerda, no tengas miedo. Decide, no seas timido. Vuelve, no te preocupes por lastimarme mas. Callate por un segundo y escucha lo que te dice el alma, ven a mi, sin pensarlo, envuelto en llamas y quemate conmigo en la llama de la pasion y con la fuerza del espiritu que nunca, pero nunca se acabaran.

You are my Romeo.

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Un dia completamente nuevo
lunes, 31 de agosto de 2009 | 23:21





El estira su mano y toca mi cara, me acaricia con la suavidad que lo caracteriza, no sonrió, pero me siento bien en el fondo, como si lo que queda del fuego que teníamos chispeara. ¿Pero para qué? Si los dos sabemos que solo es caminar en el vacío








Hay cambios violentos en el universo, y resultaría imposible decir que mi propio mundo no esta convulsionándose. Me ha tocado recoger los pedazos de mi historia incompleta, y me he cortado las manos con mis pedazos como quien recoge pedazos de un espejo roto, desangrándome en remordimiento, porque es difícil tratar de no lastimarme mientras intento guardar lo bueno que queda de mi tras el derrumbe. Y como cualquier persona que se ha cansado de romper en lágrimas y arrancarse la piel, me he visto en un espejo y me dije “¡Que estúpido soy!”. Así que me levante, mire a la calle y me quite de encima el peso de una culpa compartida que nadie quiere cargar

Es viernes por la tarde, y luego de pelear con mis fantasmas durante horas innecesarias, no queda otra que salir a la calle, con la cabeza en alto y el corazón paralizado. No sé si estoy listo para reinventar me por completo, pero me atrevo, y sentados tomando un café hablamos. El me pregunta que ha sido de mí, si es que estoy bien. Le digo que no, que no estoy bien. Me mira con ternura y nostalgia, como si quisiera besarme delante de todas esas viejas y gente adinerada.

-Alex, No hay razón para que te pongas así
-Tú no entiendes, pero tampoco es que quiera que lo hagas, no vine contigo para eso
-Si lo hago, solo que tú no te dejas ayudar. Tú sabes que puedo hacer por ti.
-Esa no es la respuesta a mi problema

El estira su mano y toca mi cara, me acaricia con la suavidad que lo caracteriza, no sonrió, pero me siento bien en el fondo, como si lo que queda del fuego que teníamos chispeara. ¿Pero para qué? Si los dos sabemos que solo es caminar en el vacío. No quiero nada con él, pero él quiere algo conmigo, porque así son las cosas. Cuando menos quieres algo más pasa.

-Vamos a tu casa.
-No, no tenemos nada que hacer en mi casa
-Quiero estar contigo un rato más, vamos, estamos cerca ¿No? Hace mucho no subo a tu habitación, déjame hacerlo siquiera hoy.

Sabe que estoy cansado, que no quiero ver a nadie, pero sabe también que voy a decirle que sí. Nos levantamos y miro hacia otro lado, no quiero verlo a la cara, no quiero estar con él, no quiero escuchar su voz. Pero el esta mas consiente que yo, es más fuerte y nos vamos a mi casa, pensando cada uno en cosas distintas. Estamos en el bus, juntos, y yo miro por la ventana. ¿Cuántos hombres han pasado por mi vida ya?

Esta Fabián, que no se si se acuerde de mi, uno de los primeros. Recuerdo las tardes tirados en el parque comiendo algodón dulce junto, sonriéndonos. Algunas cosas están mejor cuando nunca suceden, lo nuestro nunca se concreto, quizás fue mejor así. Hace unos meses lo vi, esta más grande que yo y al parecer más feliz. Y hasta me atrevo a decir que hasta mas gay que yo.

Después de él, este Miguel, que ahora se dedica a predicar cristianismo por todas partes. Éramos tan niños y tan diferentes, algunas cosas se estrellan y arden. Así fue nuestra relación, un estallido innecesario en medio de la ciudad. Y cuando el fuego se disipo no quedo nada. Y quizás es mejor así.

Tras ellos dos, llego él. Pero no voy a hablar de él aun. ¿Para qué?

En el historial de mis tiempos ligeros y perdidos también esta Eric. Eso fue rápido y cómodo, para los dos, el tipo de cosas que nunca espere hacer. Nos besamos y la pasamos bien, era más que suficiente para llenar el vacío que teníamos los dos, tanto en nuestro cerebro como en nuestros corazones. De vez en cuando hablamos y nos hacemos bromas tontas. Lo quiero mucho aunque el parece no darse cuenta de lo importante que es para mí. Mucha gente parece no darse cuenta de que tienen un espacio en mi corazón.

El autobús avanza, el me mira con una sonrisa que no le devuelvo. “Vas a estar bien” no le creo, no puedo hacerlo o no quiero.

El amor no muere de un día para otro, pero cuando las cosas son arrancadas de tus manos, no queda nada más que sostenerte a los recuerdos. Es tarde para arrepentirse, pero es mas tarde para quedarse en el suelo


Cuando lo conocí, el tenia 15 años y yo 17, las cosas estaban medias caóticas en mi vida, quizás un poco más que esta vez. Ni yo sabía quién era, ni el sabia que quería. Con el tiempo y la edad nos fuimos dando cuenta de muchas cosas. Pero nos separamos, porque no podíamos tenernos, mi amor era muy fuerte, y su calentura también. Con el tiempo, cuando ambos ya no teníamos ni lo uno, ni lo otro nos encontramos. En la época más complicada de nuestra existencia él se refugió en mí. ¿Y yo? Yo solo me acomode junto a él viendo la vida pasar. ¿Cuántas personas no han encontrado la calma haciendo nada con alguien? No lo sé, pero sus besos sinceros y de agradecimiento eran suficientes para adormecerme y mandarme a dormir. Las cosas no siempre se alinearon, y nos distanciamos cuando cada uno recupero lo que había perdido. Ahora, casi un año después. El vuelve a refugiarse en mis brazos tras mucha insistencia, y yo con más desgano que pasión le devuelvo los cariños que me hace.

Estamos en la puerta de mi casa. El sonríe, yo no lo hago “Intenta sonreír un poco ¿Quieres?” lo miro y con una chispa de mi personalidad normal el digo “Solo si tú me haces sonreír”.
Recuerdo entonces cuando me insistía frenéticamente por verme, y yo entre mi horario cansado y mis tiempos prestados me cruzaba con él. Solo para oírlo hablar y hablar, y mirarlo con una ternura, como quien mira a un cordero que se acerca a su muerte. Ya no podía sentir nada por el ¿Para qué? ¿Por qué cambiaria lo que me hace ser diferente por algo que no es más que una diversión sin sentido?

Entramos a mi casa y vamos a mi cama. No tengo muchas ganas de hacer nada y me tiro a la cama. El se echa junto a mi “Hace mucho no estábamos aquí”, lo miro y por esos impulsos de tristeza le beso la mejilla “No, hace mucho que no”, el sonríe con esa sonrisa de Estas haciendo lo que quiero. Y tiene razón, pero ahora no me importa, ahora que me siento cansado fisca y emocionalmente, dejo que me abraze y empezamos a hablar sobre mí. Sobre que estoy haciendo con mi vida y que planeo hacer ahora.

Y es ahora cuando me toca hablar de él, de Dai. ¿Acaso no lo extraño? Claro que si, el amor no muere de un día para otro, pero cuando las cosas son arrancadas de tus manos, no queda nada más que sostenerte a los recuerdos. Es tarde para arrepentirse, pero es mas tarde para quedarse en el suelo. No quiero mirar atrás, pero todos los días, dejare mi ventana abierta, esperando que algún día, lo que tu sentiste por mi vuelva volando, vuelva lleno de magia. Para devolverme la magia que perdí.

La noche pasa y Renzo se queda dormido en mi cama, con su rostro pegado en mi almohada. Me moví para caminar y encontrar agua. Ya es de noche, o de madrugada, no lo se, llevamos mucho ratos envueltos conversando de nada. Tengo su sabor mezclado con la Coca Cola en mis labios, tengo el corazón calmado, mi cuello marcado con sus labios y mi camiseta mal puesta, pero sobre todo la ventana abierta, esperando que lo que se fue regrese por alli.

Veo a Renzo dormir en mi cama, plácidamente. Siento que esto es la última prueba de que tengo que retomar todo. No estoy hecho de concreto, mi corazón no es de piedra, no siempre tengo todas las respuestas, no puedo resistir el constante martilleo en mi cabeza con su nombre, no puedo seguir dejandome de lado.Mañana será un día completamente nuevo, no puedo mirar atrás, no puedo seguir refugiándome en Renzo, no puedo tener el tiempo, y tampoco puedo seguir esperando las cosas. Mis manos cortadas, mis labios manchados y mis ojos cansados están dispuestos a empezar de nuevo. Es un mundo completamente nuevo, tras el holocausto, un mundo en el cual no voy a cometer los mismos errores de siempre.

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Mi mundo sin ti
lunes, 24 de agosto de 2009 | 7:58

[Probablemente sea mejor que lean
este post [http://tinyurl.com/mxtwvy]
para tener un poco de Backstory]





Estoy tratando de despertarme, pero no puedo, me cuesta, y más que nada, no quiero hacerlo. Es de día, o eso creo, aunque la hora, el día, el mes…el “Tiempo” en general ya no me interesa. Ahora solo duermo y me arrastro por la casa, envuelto en polvo y melancolía. En estos últimos días he perdido el sentido de muchas cosas, de la higiene para empezar, estoy cubierto en polvo, sudor y lágrimas secas, perdí el poco sentido de cuidado que me quedaba, no como porque simplemente no me siento bien, y no abro las cortinas porque no quiero ver el mundo y no quiero que ellos me vean. Y perdí el sentido del tiempo. Tiempo es una palabra muy molesta ¿Sabes? Uno nunca puede terminar de deducir lo que es un tiempo, y en este caso, tú decides cuánto dura, y yo, aunque quisiera odiarte por hacerlo y no tomarme en cuenta, no puedo hacerlo.

Siento que es necesario darme una ducha, y como quien se quita una segunda piel me quito la ropa, en el camino tengo la mala suerte de verme reflejado en un espejo y ver mi cara. Los ojos hundidos, la mirada vidriosa. El vivo retrato de la desesperanza. Me doy asco y lastima, pero en el fondo, el sentimiento de asco es mayor. Es un asco tan fuerte que lastima mi orgullo, porque soy yo quien escogió estar así, no fue algo que simplemente paso, y aunque no es el fin del mundo, siento que todo cae. Mi cerebro me dice que reaccione, pero mi corazón solo responde “Jodete, no me siento bien”. No puedo sacarme la melancolía del alma, cada paso que doy en mi casa es doloroso. Lanzo mi cuerpo a la ducha, sin ganas, solo por necesidad. No quiero decir nada, guardo silencio tratando de no echarme a llorar bajo la ducha.

Mientras el agua caliente cae sobre mi cuerpo, me detengo a mirar mi cuerpo delgado y mi piel, esta piel que tu ansiabas tocar, que aun desea sentir tus manos recorriéndola con paciencia y suavidad. La vida es muy larga y la idea era vivirla juntos ¿No? Sería hipócrita si dijera que aun no deseo sentir tu piel rozando la mía, tu calor estrellándose con el mío, con esa intensidad a la que tantas noches soñé. Mi piel morena que tanto te gustaba ahora es solo una piel que no hace más que cubrir mis huesos y músculos, y ser tatuada por las promesas e historias inconclusas. ¿Es tarde para arrepentirse? No sé, quizás aún estamos a “tiempo”. O quizás no e incluso tus últimas palabras no son más que una efímera ilusión de lastima.




Mientras el agua caliente cae sobre mi cuerpo,
me detengo a mirar mi cuerpo delgado y mi piel,
esta piel que tu ansiabas tocar, que aun desea
sentir tus manos recorriéndola con paciencia y suavidad. La vida es muy larga y la idea
era vivirla juntos ¿No? Sería hipócrita si dijera que
aun no deseo sentir tu piel rozando la mía,
tu calor estrellándose con el mío, con esa
intensidad a la que tantas noches soñé


Salgo de la ducha e intento tomar la toalla, siento un escalofrió, el recuerdo me ataca de nuevo, intento no pensar en nada, pero es imposible, cada espacio de esta habitación tiene un recuerdo marcado con fuego, y aunque jamás estuviste caminando aquí, conoces cada centímetro de esta casa. Soñábamos con encontrarnos aquí y hacer el amor de mil maneras, de maneras sensuales y prohibidas, maneras con la que tanto soñábamos. Me pregunto si eres feliz y si estás bien, si disfrutas las reuniones en Monterrey, si piensas un poco en mí cuando caminas por tu ciudad,si es que recuerdas cuando decias que solo trabajabas para estar junto a mi pronto, si me recuerdas con cariño y melancolía cuando visitas los sitios a los que prometías llevarme. Quiero hablarte, pero sé que no debo, mi corazón late desesperado por hacer todo lo imposible por recuperarte de cualquier manera. Pero ahora no puedo pensar en eso, debo ir a clases. Hoy empiezan y es la mejor manera de hacerlo.

La vida continua y entro a clases, este horario estaba hecho para tener más tiempo juntos, tiempo, esa palabra me acosara por el resto de mi vida. El martes recibo los resultados de mis análisis de sangre, no los revisare hasta unos días después, no es momento para eso. Estoy estable, me da gusto ver a mis amigos, a las personas que me hacen olvidar por un momento toda la culpa que puedo tener, todo está bien, o eso parece, pero los días pasan y llega el jueves. Mi día libre, pero libre ¿Para qué? Libre para hundirme en ese mar de cosas que tengo en la cabeza. Tengo una punzada en el corazón, es jueves por la mañana y decido cometer una de esas cosas que me hacen ser la persona que siempre fui. Me dejo llevar por mis impulsos y te vuelvo a hablar.

Y ese es mi peor error. Hablarte de nuevo, saber de ti, leerte, desear sentirte cerca, cerca entre comillas. Mis dudas me han carcomido durante varios días. ¿Ya sales con alguien? ¿Me extrañas? ¿Ya se acabo el tiempo de penitencia? ¿Cuánto tiempo más voy a tener que esperar? ¿Eres feliz? Las típicas preguntas de toda persona que siente que se queda atrás se hacen, las dudas inacabables de un tema indeseable que no hace más que hacerte daño. Y te hago pregunta por pregunta, y aunque cada respuesta me duele más que la anterior. Sin embargo, no me sorprenden, ya imaginaba que tendrías a alguien mas en tu vida, pero eso no quita que me duela. Que me lastime el saber que ya tengo un remplazo, que ya quede atrás. Me asfixia pensar que ya te beso, y se llevo tu primer beso, que ya te tuve en sus brazos y probablemente pronto te tenga en su cama. Haciendo todas esas cosas que yo siempre quise hacer, y ahora, ahora no hago más que añorar. La rabia y la impotencia se mezclan con el dolor. Quiero una respuesta lógica al porque automáticamente tengo que verte irte de mis manos, al porque el tiempo para ti es tiempo para salir con alguien más, a por qué no puedes entender, que cada cosa que paso tuvo un porqué, que estoy haciendo todo lo que puedo para evitar que esas cosas que estuvieron mal vuelvan a pasar, que mi arrepentimiento es grande, y mi carga emocional también y sobre todo, que nada de esto tiene sentido, nada tiene la mas mínima coherencia.





Sin embargo, no me sorprenden,
ya imaginaba que tendrías a alguien
mas en tu vida, pero eso no quita que
me duela. Que me lastime
el saber que ya tengo un remplazo,
que ya quede atrás. Me asfixia pensar
que ya te beso, y se llevo tu primer beso,
que ya te tuve en sus brazos y
probablemente pronto te tenga en su cama. Haciendo todas esas cosas
que yo siempre quise hacer,
y ahora, ahora no hago más que añorar.


Pero no entiendes nada, o no lo quieres entender, y no sé si en realidad sabes que todo lo que digo es verdad, que el amor que siento por ti es una fuerza descomunal que no se resigna a morir con la cabeza gacha, que acabaría con el mundo entero solo para recuperarte y tenerte a mi lado de nuevo, que aun deseo tus labios y tu piel con la misma intensidad salvaje de siempre. Pero no me crees, y tus palabras no me saben completamente tuyas. No sé si me hablas con sinceridad, o si hay un poco de las opiniones ajenas en lo que me dices, ni siquiera sé si tus palabras son verdad. Siento que son una mentira más no se si por rabia o por convicción, pero o si no es así, están bañadas en una compasión innecesaria, una lástima hiriente. Probablemente estoy viendo solo el lado negro de la situación, probablemente es verdad que algún día te gustaría volver a mí, pero ya no te puedo creer, no hubiera sabido nada si no te lo preguntaba. Y ese es mi segundo error, quejarme y llorar con rabia e ira cuando incluso ahora, la razón por la cual me deshago en lagrimas y tristeza es mi culpa. Pero a todos les pasa, a todos se les escapa alguna vez el amor de las manos, todos lloran innecesariamente más de una vez, y todos, al menos una vez en su vida, siente que el mundo va a acabarse y que el sol no saldrá más.

Me voy lejos de ti, porque ahora si siento que no tiene sentido estar cerca de ti, que no me necesitas mas, que ya lo tienes a él, en tu ciudad, y que lo puedes besar y tener junto a ti todas las veces que quieras, los días que puedas, las noches que quieran. Busco mis exámenes de sangre y los veo de nuevo, ahora si detenidamente. Anemia, y por lo que dicen los doctores, estoy bordeando la Leucemia. Dicen también, que tengo una infección grave, demasiados virus, que no saben donde están, y que tienen que hacer mas análisis, que ellos también necesitan más “tiempo” para saber que pasa conmigo. En silencio busco un cigarrillo, pero no hay, no me queda ninguno. Guardo silencio y suspiro. Y empiezo a escribir.

En un mundo perfecto, luego de leer esto, tu corazón se ablandaría, pensarias en todo lo que te dije, y tu corazón recordaría todas esas promesas dulces y sinceras que decías. Esos "Te amo" tan sinceros y llenos de pasión que nos decíamos. Recordarías mi voz quebrándose y suplicando que no te vayas, recordarías incluso, tu propia voz diciendo con una intensidad infalsificable, que me amabas y que querías quedarte conmigo para siempre, que quieras casarte. Pero este no es un mundo perfecto, y probablemente si lees esto volverás a él. De nuevo, con más intensidad que antes, amándolo más con cada segundo que pasa, olvidándome de la manera más sencilla. Y a mí, solo me queda aprender a vivir en mi mundo sin ti.

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